lunes, 29 de septiembre de 2014

Juntos hasta que la muerte nos separe (PROLOGO)

La oscuridad reinaba en aquel lugar, no se oía nada más que mis jadeos y mi respiración irregular; corría sin rumbo fijo por lo que parecía un laberinto de concreto, habían pasajes demasiado estrechos por los que me costaba pasar, pero solo había una opción seguir hacia adelante; detuve mi andar al encontrarme en una calle con escasa luz, las casas más cercanas tenían un aspecto deplorable, pareciera que estaban a punto de caerse, unas pisadas acercándose hicieron que no pensara en nada más que en esconderme, corrí dentro de una casa y cerré la puerta tras mío, la luz de una linterna se veía a través de las ventanas tapadas apenas con cortinas apolilladas, me gire nerviosa al ver que quien manipulaba la linterna se acercaba necesitaba encontrar un lugar seguro, mi vista se fijó en la planta superior de aquella casa, sin pensarlo dos veces subí a toda velocidad y me encerré en la habitación más alejada de las gradas, normalice mi respiración al cerrar la puerta y asegurarla, cerré los ojos con fuerza convenciéndome a mí misma que estaba a salvo en aquella habitación, comencé a revisar la habitación y me quede paralizada al encontrar en el suelo un dije hecho de madera con la forma de un corazón mal tallado, era mi dije él me lo había obsequiado en mi cumpleaños.

Esta era la misma habitación, no la había visto en años pero la recordaba perfectamente; el suelo de madera ahora podrida, las viejas cortinas con manchas de sangre y suciedad, las dos camas ubicadas cada una en un extremo de la habitación y en medio de ellas la ventana; esa ventana por la cual un día me despedí de él y hoy he vuelto al mismo lugar donde todo comenzó, el viejo orfanato el que ahora está abandonado. Una serie de recuerdos vinieron a mi mente y sin poder evitarlo unas lágrimas cayeron por mis mejillas, sentía un vacío al estar aquí sin él. Cuando había pasado más de 5 años aquí junto a él.

Un grito se escucha afuera  me acerco a la ventana y logro ver la luz de la linterna que se mueve por las calles oscuras de aquel vecindario olvidado; retrocedo cuando la linterna alumbra la ventana por la cual estoy observando, me escondo tras las cortinas mientras veo que aquella luz blanquecina aun alumbra la ventana y los pasos se logran oír con total claridad, alguien ha dejado de correr y se ha detenido justo al frente; trato de moverme pero no consigo que mis pies se muevan, estoy paralizada a un lado de la ventana viendo como la luz se mueve de un lado a otro hasta que por fin se apaga.


Me asomo por la ventana con mucha cautela hay dos siluetas en la calle, parece que forcejean entre sí; nadie apago la linterna esta aun esta prendida rodando por la calle, haciendo que las siluetas sean un poco más reconocibles; una más alta y corpulenta que la otra parece que tiene todo bajo control, hasta que la otra persona saca lo que parece ser un arma y sin pensarlo dos veces dispara tres veces y derriba a su adversario; me quedo perpleja al oír el disparo e inmediatamente me oculto de nuevo, trato de regularizar mi respiración al igual que me animo mentalmente para ver por la ventada, cuando me asomo y trato de ver solo una silueta se hace reconocible y esta tirada en la calle, cubro mi boca y con mi mano intentando no hacer ningún ruido al ver que lo ha matado, pero no puedo aguantar y un ronco gemido de dolor sale de mi garganta, como si yo conociera a la persona muerta y me doliera haberla perdido, la linterna nuevamente vuelve a iluminar la ventana es la otra persona y aún tiene el arma en la mano, se acerca sonriendo hacia mí, no logro moverme soy presa del miedo y solo logro reconocer que es una mujer la que me apunta el sonido del disparo es lo único que oigo cuando todo se torna negro y poco a poco voy perdiendo la conciencia